Hay
un orden en el universo, un orden que abarca desde el átomo
hasta el sistema solar. Despertado el interés por el
ritmo de dicho orden, se necesitaron nuevos esfuerzos para sintetizar
los distintos métodos empleados a través de los
tiempos para comprenderlo. Buscamos la clave capaz de situar
nuestro mundo dentro de una perspectiva lógica, entre
lo microcósmico y lo macrocósmico. Y creemos que
la ciencia de los números puede proporcionarnos fórmulas
para esclarecer la pauta evolutiva de la existencia sobre la
tierra.
La
antigua sabiduría sobrevivió a las vicisitudes
del tiempo en proporción suficiente para sugerir algunas
bases sobre las cuales construir nuevos métodos de análisis
personal o, al menos, para arrojar un poco de luz sobre los
sistemas empleados en el pasado.
Todos hemos nacido en un día, hora y minuto determinado
dentro del campo de energía terrestre y, a su vez, universal.
Las condiciones y vibraciones de ese campo de energía
determinan en gran medida las particulares acciones y reacciones
que caracterizan nuestra vida entera. Estamos condicionados
por la serie básica de vibraciones que se hallaban en
activo cuando respiramos por primera vez.
La
fecha de nacimiento proporciona la pauta que vamos a denominar
LECCIÓN DE LA VIDA. El nombre recibido al nacer, convertido
en números gracias a un código número-letra
que es el que se usó desde la antigüedad, nos da
para cada individuo las tres vibraciones que llamaremos NÚMERO
DEL ALMA, NÚMERO DE LA PERSONALIDAD EXTERNA Y NÚMERO
DE LA VÍA DEL DESTINO.
Los
números personales no proporcionan indicios aislados,
sino que, como todos los fenómenos, son piezas encajadas
en el vasto rompecabezas de la existencia.