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EL
SORPRENDENTE ENIGMA DE LA REENCARNACIÓN
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A
pesar de que mucho ya se dijo acerca de la reencarnación
y que ya ha hecho correr ríos de tinta, se cree
que ésta podría ser una de las varias formas
de regresar un muerto a la vida. Sin embargo, quedó
algo que decir. Se dirá, para empezar, que la religión
católica no se refiere en ningún momento
a la reencarnación. Como si no existiera. Promete
a sus fieles, a la hora de la muerte, las interminables
angustias del infierno, un purgatorio con posibilidades
de pasar al Cielo o la Gloria eterna. |
Extraños
"recuerdos" florecen de vez en cuando en la mayoría
de las personas. Se trata de unas imágenes "anteriores"
cuya nitidez y emotividad son más fuertes que las meras
fantasías habituales.
Forman
legión los que creen en la reencarnación
Cientos
de miles de personas creen en las existencias anteriores. Otras
reconocen lugares y personas que jamás vieron en su presente
vida. Se han logrado algunas supuestas reencarnaciones por medio
de hipnosis, las llamadas regresiones en el tiempo. La única
forma de comprobar la autenticidad de una reencarnación
es investigando los archivos históricos, que no son siempre
dignos de crédito, pero en muchas ocasiones la existencia
anterior es tan lejana en el tiempo que ni siquiera archivos
existían. No todos creen en estas experiencias, que consideran
meras fantasías, ideadas por los sujetos o surgidos del
subconsciente.
En
1960 inició trabajos en este sentido el Dr. Reina Kampmann,
ya mencionado, psiquiatra de la universidad de Oulu, situada
en el norte de Finlandia, utilizando 200 jóvenes cuya
edad oscila entre los 12 y los 22 años. Les sugirió
diversos hechos para que, una vez hipnotizados, salieran a relucir
en su vida anterior. Sólo en la mitad de los casos resultó.
Pensó que existe una habilidad especial para recordar
hechos de una vida anterior y que la gente que la posee cuenta
con características comunes, que no tienen los que carecen
de ella. Los primeros son menos neuróticos, mejor adaptados
sexualmente a la vida, menos sujetos a sufrir depresiones. Uno
de los sujetos era una muchacha de 15 años, con aficiones
artísticas. Con ella empezó a trabajar en 1968.
Una
vez optimizada declaró que su nombre era Malina Bostojevski
y que vivió en 1780. Recordó esta vida y otras
cinco más al ser hipnotizada de nuevo un mes más
tarde. Pero cuando la hipnotizó de nuevo el Dr. Kampmann
en 1975 produjo vidas diferentes y ni una vez aludió
a las seis otras existencias que había referido vivir
cuando fue hipnotizada durante el año 1968. En una de
estas vidas fue un niño de 7 años cuyo padre,
de apellido Aitmatov, era capitán de una embarcación
lacustre. El niño dio el nombre del lago y explicó
que se ahogó en él. Al parecer, la joven había
leído un libro, escrito por un tal Aimatov, en el cual
perecía un niño ahogado.
Pero
el récord de vidas anteriores lo tenía una estudiante
de 19 años, con 8 existencias, en unas de las cuales
fue Dorothov, hija de un posadero, que vivió en la Inglaterra
del siglo XIII. Describió la vida en aquella época
y cantó una canción en inglés medieval,
que parecía auténtica. Fue también Karolina
Prokofiev, quien vivió durante la revolución rusa,
así como una muchacha china muerta al despeñarse
en un barranco. Y también una niña de 7 años
llamada Kaarin Bergstrom, muerta en 1939 durante un bombardeo.
Kampmann descubrió que la joven había leído
a la edad de 13 años, un libro de música inglesa
que contenía la canción en cuestión. En
cuanto a Prokofiev, así se llamaba un pariente de su
madre. En las demás vidas, hubo libros de por medio.
En
junio de 1983, una revista norteamericana publicó una
entrevista con la actriz de cine Shirley McLaine en la que decía
lo siguiente: en una de sus muchas existencias anteriores, cuando
vivía en la Atlántida, donde era un gran filósofo,
fue testigo del fin del continente. Esto aterró al buen
hombre tanto que se quitó la vida, para no morir ahogado.
Hubo gente en Hollywood que se lo creyó.
En
el programa de televisión Two on on the Town, que pasaba
en la ciudad de Los Angeles, sucedió algo curioso con
su conductora, Melody Rogers, el 28 de mayo de 1985, cuando
se trataba el tema de la reencarnación. Melody se prestó
a ser hipnotizada ante las cámaras por la Dra. Thelma
Moss, del instituto Neuropsiquiátrico, quien opinaba
que las manías y temores sufridos por una persona no
son más que la herencia dejada por su anterior encarnación,
en especial si murió accidentalmente o sufrió
una fuerte emoción. La mejor manera de resolver el problema
es hipnotizar al paciente y realizar una regresión al
pasado. Fue lo que se hizo con Melody, quien se supone estaba
llena de fobias incomprensibles.
Encontrándose
hipnotizada, rompió en sollozos y declaró que
era una india que acababa de perder a su esposo. Quedó
tan afectada que lo siguió sin tardar al otro mundo.
A continuación explicó Melody que había
estudiado medicina y que fue cirujano en el ejército
británico bajo el nombre de John Robbins, en 1850. No
pudo decir si utilizaba anestesia en las operaciones, pero sí
que daba un vaso de aguardientes a sus pacientes. Se envío
un equipo de investigadores a Londres, que consultaron en el
Instituto Wellcome de Historia de la Medicina. Localizaron un
John Robbins, que inició su carrera como cirujano militar
en 1889 y llegó a ser coronel. Estuvo en Afganistán
, Sudáfrica y Bechuanalandia, la actual Botswana, y murió
el 23 de diciembre de 1912. ¿Era este médico militar
el mismo mencionado por Melody? El apellido Robbins abunda en
Inglaterra. No era difícil que hubiera vivido otro médico
militar con el mismo apellido, en el mismo siglo.
La
reencarnación no es una invención reciente
La
reencarnación existió en los primeros años
de la era cristiana, cuando llegaron a palestina sacerdotes
budistas dispuestos a hacer labor proselitista e intentaron
enseñar, entre otras cosas, el concepto de reencarnación,
que fue aceptada por esenios y gnósticos, así
como por filósofos como Orígenes, Plotino y los
santos Agustín y Francisco y el propio Jesús.
Sin embargo, no prosperó, en especial a partir de 583,
cuando Justiniano pidió al sínodo de Constantinopla
que determinase qué textos sagrados podían ser
aceptados y cuáles rechazados. Al papa no parecía
importarle esto demasiado, pero se impuso la opinión
de Teodora, esposa de Justiniano: decidió que era mejor
para el pueblo ignorante no creer en una reencarnación,
sino en un paraíso y en un infierno al que iría
a parar quien no obedeciera a las autoridades eclesiásticas.
Todo
lo que se oliera a reencarnación, fue suprimido y nadie
se atrevió a disentir de la opinión de Teodora,
porque se la temía más que al Diablo. Sin embargo,
el Nuevo Testamento conservaría algunas oscuras referencias
a la reencarnación. En Mateo 11,14 Jesús se refiere
a san Juan Bautista diciendo que “Elías va a llegar”
y, en Mateo 17,12, dice Jesús que “llegó
Elías sin conocerlo nadie”. ¿Sugiere esto
que Juan fue la reencarnación de Elías?
Como
puede verse, esto de la reencarnación no es una invención
reciente, y es curioso observar que sea en la India, en algunos
países de Asia y entre los esquimales donde se haya producido
mayor número de casos, en los que no hubo jamás
necesidad de recurrir al hipnotismo ni de hacer regresiones
en el tiempo. Veamos el caso de Reena Gupta, quien no cumplía
aún dos años de edad cuando dijo a su abuela que
su esposo la había matado de una cuchillada en el vientre.
Sucedió esa confesión en 1967, en Nueva Delhi.
La niña pasaba el día en el balcón de su
casa y cuando le preguntaban por qué, contestaba que
esperaba ver pasar a sus hijos: tres niñas y un varón.
Un día explicó a su tía Pshupa que el esposo
se había accidentado al tratar de arrancar en su moto.
Estas historias dejaron perplejos a los familiares de Reena.
En
1968 se escapó cuando la llevaban al mercado. Fueron
a encontrarla hablando con una anciana que dijo conocer de sus
tiempos de casada. La niña contaba la historia a todo
el mundo. Alguien recordó entonces lo sucedido años
atrás en el barrio de Manakpura, donde un hombre mató
a su mujer. Se realizaron unas investigaciones y vino a hallarse
a cierto Sardar Kishan Singh, padre de la mujer asesinada. Cuando
este individuo y su mujer acudieron a casa de Reena, la niña
los reconoció al instante. Visitaron también a
Reena los dos hermanos de la víctima, cuyo nombre era
Gardep Kaur y había sido asesinada el de 2 de junio de
1961.
Reena
los reconoció también y los llamó por el
apodo que tenían. Se supo a continuación que el
esposo asesino se llamaba Surjet Singh y que fue condenado a
cadena perpetua, pero que salió por buena conducta. En
1975 poseía un taller de reparación de bicicletas.
Cuando supo de lo sucedido acudió a ver a Reena, quien
se asustó. Temía que el hombre la matara de nuevo.
Surget confirmó todo lo que la niña dijo, como
por ejemplo que se molestó cuando ella se puso un día
su jersey y que se peinó de manera diferente.
Se
insistió en que pudo haber fraude, pero se averiguó
que Reena no sabía nada de su presunto asesino y que
las dos familias no tenían por qué conocerse,
porque sus domicilios estaban muy alejados uno del otro. La
única explicación posible era que Reena logró
conocer un aspecto de su vida anterior. Pero fue solamente una
vida, no cinco como en algunos casos presentados.
Otro
caso de supuesta reencarnación protagonizada por hindúes
sucedió un domingo de setiembre de 1974, pero no en la
India, sino en el pueblo de Lotusville, cercano a Durban, en
Sudáfrica. La señora Raltan salió de su
casa con sus hijos, siendo la 10 de la mañana. Ella y
su marido habían emigrado al lugar desde la India y pertenecían
a la casta superior. Su hija de cuatro años Vashnee se
puso a gritar de repente que se llamaba Sudima y que vivía
en New Glasgow, suburbio de Durban, en compañía
de cierto Kemla, en una casa pintada de azul, hecha de tablones.
Decía que ella iba al río a lavar la ropa. Añadió
que Kemla era su hermano y que ella tenía 8 años
y era la hermana menor, que sufrió fuertes dolores estomacales
un día y murió.
El
caso fue estudiado por David Scott, de la Asociación
Sudafricana de Investigaciones Psíquica, quien verificó
todo cuanto podía haber de cierto. Estuvo en casa de
Kemla y habló con la abuela, pero ésta declaró
que jamás conoció a ninguna Sudima. Sin embargo,
Vashnee supo contestar correctamente a todas las preguntas que
se le hicieron sobre Kemla y la casa. Habló después
de la abuela y de su hija muerta hacía 20 años,
que se llamó en vida Anishta. Se enteró Scott
que los sacerdotes Hindúes dan un nombre especial a los
recién nacidos, que no es para el uso diario, y que en
el caso de Anishta había sido Sudima, precisamente.
Ian Stevenson, profesor de psiquiatra de la universidad de Virginia,
en Charlottesvile, publicó un informe sobre 79 niños
de Estados Unidos que parecían recordar sus vidas anteriores.
Stevenson es sin duda al especialista occidental que con mayor
interés ha estudiado este fenómeno. Comparó
los resultados con algunos casos de la India y vio que los niños
norteamericanos daban mucha menos información. En la
mayoría de los casos, en ambos países, los niños
eran de corta edad y recordaban el aspecto más dramático
de su anterior existencia: una muerte siempre violenta. En total,
suman 1.600 los casos estudiados por el Dr. Stevenson, quién
llegó a una importante conclusión: el 85% de las
personas que afirmaban haber vivido una existencia anterior
mencionaron que habían perecido de manera violenta, casi
siempre asesinados.
Algunos
ejemplos más de reencarnación
Por
lo general, ilustra más sobre un fenómeno conocer
ejemplos que empaparse de teoría, que no siempre conduce
a resultados positivos. Hasta ahora, los casos expuestos podrían
tener, salvo algunas excepciones, una explicación razonable,
que podría entrar dentro del terreno científico.
Lo malo de estos casos es que, por muchos que sean los elementos
que se aporten, seguirán sin convencer a los escépticos,
así como los exageradamente crédulos suelen creer
con los ojos cerrados todo cuanto se les diga. Pero es necesario
escuchar, de vez en cuando, a quienes han analizado este fenómeno
paranormal a lo largo de los años.
La
Dra. Helen Wambach es una de esas personas, como el Dr. Stevenson,
que han procedido con admirable seriedad y han logrado un abultado
archivo de casos. En el caso de esta especialista, los 1.000
casos archivados son de vidas recordadas por medio de la hipótesis.
Contó con diversos voluntarios para proceder a una misma
regresión en el tiempo, hasta el año 1850. Deseaba
conocer su punto de vista sobre la vida en el lejano Oeste.
De los 68 voluntarios que se prestaron a la prueba, 16 dijeron
que habían vivido en aquella época y en aquel
lugar. De los 51 proyectados a los tiempos de Jesucristo hubo
4 que aceptaron haber vivido entonces. Ningún voluntario
enviado a los tiempos de Cleopatra admitió haber sido
ella. Sólo comieron alimentos sencillos y apenas carne.
Dijo finalmente la psicóloga que cualquiera puede ser
enviado al pasado y descubrir una vida anterior.
La
niña de 14 años Rita, que vivía en Uyo,
Nigeria., 1973, sorprendió a sus padres al decir que
no eran ellos, sino otros, los cuales vivían en Essien,
a unos 45 kilómetros. Los padres de la niña creyeron
que había enloquecido. Días más tarde,
Rita tomó un taxi-bicicleta y se dirigió a la
otra población. Se presentó en casa del reverendo
Akpan como su hija, muerta 22 años antes, a la edad de
8. El hombre reconoció haber tendió una hija que
había enfermado de gravedad, hacía 22 años,
y que cuando era conducida al hospital en un taxi-bicicleta,
cayó al suelo y se lastimó la quijada. Rita le
mostró su cicatriz, en el mismo sitio, y el reverendo
quedó asombrado. La niña preguntó entonces
por su madre, que se hallaba en una granja cercana. Acudió
a la granja y abrazó a la sorprendida mujer, a quien
dijo que era su hija, muerta de niña 22 años antes.
Dolores
Jay, 52 años, mujer de un pastor metodista de Elkton,
Virginia, fue hospitalizada por éste en 1970 para curar
las jaquecas que la aquejaban. Encontrándose la mujer
en trance, se puso a hablar en alemán, un idioma que
ella supuestamente desconocida. Declaró que se llamaba
Gretchen Gottleieb y que era hija natural de un burgomaestre
alemán asesinado cuando ella tenía 16 años
de edad. Añadió que fue capturada y asesinada
en un bosque por unos forajidos, en el siglo XIX, al ir a buscar
un caballo para que su tío huyera de unos enemigos políticos.
El Dr. Ian Stevenson, que estudió el caso, decía
que siendo alemanes los abuelos de la señora Jay, pudo
haber aprendido el idioma en su niñez y forjado inconscientemente
aquella historia. Es un fenómeno que sucede con frecuencia
añadió.
Joan
Digdy, de 24 años de edad, trabajaba desde hacía
diez años en las calles de Manhattan. Ejercía
la prostitución. Un lunes de junio 1935 abandonaba el
City Hall, después de ser severamente juzgada por trabajar
en tan censurable profesión, cuando un vehículo
la atropelló al cruzar la calle. Murió al instante.
Transcurrieron 35 años. En el otoño de 1970, una
educadora de la universidad de Columbia, cuyo nombre era Ann
McCartey, fue conducida en una ambulancia al hospital de Long
Island para ser tratada de lo que parecía una simple
amnesia. Ann se había olvidado de quien era. Acababa
de ser víctima de un rechazo amoroso que le produjo un
fuerte trauma.
En
el hospital le aplicaron un calmante y su actitud cambio de
repente. Se irguió frente al médico y comenzó
a cantar una canción de los muelles. El médico
le ordenó sentarse, pero ella respondió que todavía
no nacía el hombre que le diera órdenes a Joan
Didby. Se acercó ella al espejo, para arreglarse el cabello.
Al verse reflejada, lanzó un grito, llevó las
manos al rostro y cayó desmayada. Es preciso decir que
si el novio de Ann la rechazó no fue por guapa precisamente.
Durante
las siguientes semanas, la mujer contó muchas cosas sobre
la vida de Joan Digby que una dama no podía conocer.
El médico indagó en los tributos y vino a descubrir
que existió una joven de ese nombre, quién murió
unas horas antes de venir al mundo la educadora a quien todos
creían loca. |