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LOS
MISTERIOS DE LA FOTOGRAFÍA PSÍQUICA |
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Desde
que el francés Niceforo Niepce inventó la fotografía
en 1822, fueron numerosos los trucos realizados para sorprender
a los ingenuos. Aparecían unos niños volando
sobre unas flores y se decía que eran elfos del bosque,
o se mostraba a un hombre levantando en vilo un elefante para
probar que era el ser más vigoroso del mundo, o bien
se hacía fotomontaje con la intención de dejar
en cueros a una dama virtuosa. Pero, en ciertas ocasiones,
se hicieron pruebas muy curiosas, en las que nadie creyó.
El ser humano es ingenuo por naturaleza, pero cuando se siente
engañado no confía ya en nadie.
Algunos años después de inventarse el arte de
la fotografía, un francés de nombre Marcel Darget
quiso intentar algo muy especial, seguro de que la mente puede
actuar sobre la materia, sea cual sea. Puso una mano encima
de un sobre opaco en cuyo interior había guardado una
placa fotográfica virgen, y la mantuvo una hora y media
mientras observaba fijamente una botella. Al revelar la placa
resultó el perfil de la botella. Nadie
más parecía haberse interesado en este curioso
fenómeno hasta fines de 1963, cuando apareció
en escena Ted Serios.
Un
hombre con muy escasa cultura, insignificante
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Ted
Serios, un ascensorista de Chicago, de origen griego,
tenía un extraño poder que ponía
en ocasiones de manifiesto de manera grotesca. Era muy
aficionado al alcohol, de tal manera que no tardó
en perder sus facultades, si acaso no fueron una farsa.
Era
hijo de unos emigrantes griegos que jamás hizo
gran cosa en la vida, algo aficionado la botella, que
trabajaba como ascensorista en Chicago. Era ya un cuarentón
cuando se presentó en la redacción de la
revista Life, a donde había sido invitado por Paul
Elch para exhibir sus talentos psíquicos. Delante
de testigos, se colocó frente a una cámara
Polaroid y concentró su mente en la película
virgen. |
Poco
después obtenía una panorámica de una ciudad,
y poco más tarde, lograría que apareciese lo mismo
la Gran Pirámide que la reina Isabel de Inglaterra, Richard
Nixon o las famosas torres gemelas de Chicago. La revista Psychoanalitic
calificó el caso de Ted Serios como una importante contribución
en el conocimiento de los procesos mentales y el Dr. Jules Eisenbud,
profesor de Psiquiatría Clínica en la universidad
de Colorado en Denver, acudió a interesarse en aquel
hombre. Lo invitó a trasladarse a su casa de Denver,
dispuesto a estudiar a fondo sus portentosas facultades psíquicas
–también llamada psicofotografía-, que sería
incluida dentro de la parapsicología. Por desgracia,
las cosas no resultaron provechosas, entre otras cosas porque
Ted se aburrió de tantas pruebas y regresó al
alcohol. Se debatía entonces en esfuerzos para lograr
algo. Tardaba a veces hasta dos horas en obtener algo que no
siempre valía la pena. El Dr. Eisenbud no tuvo más
remedio que mandar a su casa al ascensorista y miró en
torno suyo en busca de otros casos misteriosos e inexplicables
que pudieran ser más interesantes.
Fue
a centrar entonces sus atención en una familia que vivía
en Waterville, pequeño poblado del estado de Maine, en
el noreste de Estados Unidos. Todos los miembros de la familia
sabían practicar la fotografía psíquica,
y en especial los padres, Joseph y Voilet Veilleux, de ascendencia
francesa, que se reunían los fines de semana con sus
hijos Fred y Richard, de 34 y 30 años, respectivamente,
y sus esposas, par distraerse con la tabla ouija. Entre los
seis acumulaban suficiente energía psíquica para
mover con soltura la plancheta. Recibían, por lo general,
mensajes enviados por los difuntos.
El
juego terminó por tornarse monótono
Cansados
de un juego que amenazaba en convertirse en aburrido y rutinario,
sin que sucediera jamás nada interesante, pensaron realizar
experiencias psíquicas con otras personas. Veilleux padre
leyó algo acerca de las fotos hechas con la mente por
un ascensorista de Chicago y pensó que tal vez valdría
la pena realizar la prueba. Nunca se sabe, en esto de la mente.
Compraron
una cámara Polaroid y se dirigieron a un terreno cercano.
Fred, quien poseía mayor sensibilidad psíquica
que el resto de la familia, se concentro y apretó el
disparador. Era el 1° de agosto de 1967. La fotografía
mostró el mismo paisaje de siempre, con una salvedad:
aparecía el rostro de un vecino que había fallecido
dos años antes: el señor Hoskins.
La
noticia del rostro surgido del más allá fue publicada
de inmediato por la prensa local y como se trataba de algo muy
fuera de lo normal llego a oídos del doctor Eisenbud,
que andaba a la caza de cosas raras. En vista de que muy poco
podía hacer ya con Ted Serios, viajó hasta el
domicilio de Veilleux. ¿No les importaría realizar
algunas experiencias en mi presencia?
Habiendo
aceptado Veilleux padre, la familia entera se dirigió
al cementerio de Waterville, acompañados por el doctor
Eisenbud. Se detuvieron en una tumba escogida al azar. Decía
una lápida que allí reposaban los restos del pequeño
Williams D. Gittin, quien falleció a la edad de 13 años,
en 1956. Ninguno de los Veilleux había conocido a Bill,
pero habían oído decir que se suicidó colgándose
de un árbol.
Para
evitar cualquier error en la operación o que se tratase
de una influencia indeseable, Eisenbud cargó personalmente
la Polaroid que había llevado. Invitó entonces
a Fred a apuntar con ella la tumba y a disparar tres veces seguidas
el obturador.
Se
comenzó con un completo fracaso
Las
tres primeras fotografías de aquella prueba que recordaba
en algunos puntos a la psicofonía, no revelaron nada.
Pero la cuarta mostró un abeto, a pesar de que no crecía
en el camposanto esta clase de abietásias. El científico
tuvo muy serias dudas acerca de las facultades psíquicas
de Fred. Sino apareció Bill en la fotografía,
¿era porque Fred jamás lo conoció y sus
poderes se limitaban a las cosas que el eran familiares?
Poco
después, el Dr. Eisenbud recibió una carta de
su amigo Williams Cook, que trabajaba en la NASA. Enterado de
sus experiencias, el hizo una curiosa petición. En la
NASA deseaban fotos de la Luna a través de Ted Serios,
pero en vista de que había dejado de ser útil,
¿por qué no intentaba realizar la prueba con los
Veilleux, antes de que el Apolo VIII se posara en la superficie
de la Luna?
Aquella
noche, toda la familia salió al jardín. Dirigieron
todos sus pensamientos a la Luna. A continuación apuntaron
la Polaroid al pálido disco y apretaron el disparador.
Las fotografías fueron llevadas por Eisenbud a la NASA,
para que las examinaran los expertos. Se dijo el siguiente año,
cuando los primeros astronautas pisaron la superficie lunar,
el 20 de julio de 1969, que el suelo era exactamente a las fotos
psíquicas obtenidas con una cámara Polaroid por
los miembros de una familia que vivía en Waterville.
Mucha gente se lo creyó.
Igualmente
portentosa iba a resultar otra fotografía obtenida por
Fred Veilleux el 23 de julio de 1969. Apareció un dibujo
aparentemente sin importancia, semejante a una inscripción
hecha en la roca. Sería identificado por el Dr. Charles
E. Lyle, de la Universidad Susquehanna, en Celingsgrove, Nueva
York. Le resultó imposible explicar como pudo obtener
Fred aquella instantánea, puesto que la inscripción
acaba de ser descubierta en el desierto de Australia.
¿Cómo
lograba Fred Veilleux plasmar en la película virgen imágenes
tan sorprendentes? No pudo explicarlo el Dr. Eisenbud, pero
declaró que cualquier ser humano puede repetir las proezas
con tal de dedicar a la cámara toda su concentración.
Tenía razón Eisenbud, porque la revista Borderline
Report publicó en su número 44, del 9 de diciembre
de 1969, un reportaje sobre Josephine Rossi, una joven neoyorquina
capaz de realizar hazañas que iban más allá
de lo que jamás pudo hacer Fred Veilleux.
No
necesitaba dispara la Polaroid para obtener fotografías
impresionantes, por lo inesperadas. Las imágenes creadas
en su mente iban a formarse directamente en la película
virgen y como era dueña de una gran imaginación,
los resultados obtenidos fueron de verdad asombrosos. Aparecieron
numerosos rostros desconocidos y paisajes de los que nadie tenía
la menor noticia.
Han
experimentado sabios japoneses y soviéticos
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La
ilustración capta el momento en que Ted Serios
obtiene fotografías. Inserta en ella, se muestra
un detalle del pensamiento así fotografiado.El
Dr. T. Fukura, de la Universidad de Koyasan, en Japón,
realizaría algún tiempo después interesantes
pruebas con Yukio Ishi, un joven de 19 años que
sabía trasladar sus pensamientos a la película
de una cámara Polaroid. Aunque el obturador permaneciera
hermética-mente cerrado.En cuanto a Masuaki kiyota,
que nació en Tokio en abril de 1962, el año
antes de que Ted Serios se presentase en la redacción
de la revista Life, poseía diversos poderes. |
Sabía
doblar las cucharas, como hacía Uri Geller y como tantos
jóvenes que lo han intentado, pero tenía facultades
para hacer lo mismo que Ted Serios. Sostenía en las manos
una Polaroid y podía impresionar en la película
la imagen que le viniera en ganas. Se trata de una operación
difícil que requiere de varias horas de concentración
y no siempre resulta. Sin embargo, en varios intentos supo producir
fotografías de la Estatua de la Libertad, de Trafalgar
Square y de otros lugares y monumentos.
Científicos
soviéticos dirigidos por G. P Krokhalev estuvieron intentando
demostrar, en el curso de diez años, que las alucinaciones
no son ilusiones, sino que son alzadas al espacio por la mente,
en forma de radiaciones. Quisieron fotografiar las alucinaciones
capturando en una película virgen de radiaciones. Es
el principio de la fotografía psíquica.
El
soviético V. Skurltov opinaba que la alucinación
se forma en la retina, como si fuera una representación
fotográfica, y podría reproducirse iluminando
los ojos y reflejando los rayos en una pantalla. Krokhalev trató
de obtener fotografías de las alucinaciones, pero fracasó.
Tomó algunas precauciones, como era proteger los ojos
con goggles, y obtuvo algo más positivo. Falta aún
un largo camino por recorrer en este terreno, pero los científicos
rusos se internaron ya en él. |