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Ni
las hermanas Fox ni Allan Kardec recurrieron jamás al
uso de la tabla ouija, aunque les hubiera sido mucho más
cómodo para conversar con la gente del más allá.
Aunque rudimentaria, esta forma de comunicarse con los espíritus
era conocida desde la antigüedad. No es ningún invento
moderno. Pitágoras la describió en el siglo VI
a.C., así como Ammianus Marcellinus lo haría con
un modelo perfeccionado, en el siglo IV d. C. En él se
utilizaba un péndulo en lugar de la plancheta que vendría
muchos después.
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En
general la ouija se practica sobre una mesa redonda, de
manera pulida, sobre la cual pueda deslizarse sin problemas
una copa de cristal invertida. En el borde de la mesa
se ponen cartulinas con todas las letras del alfabeto
y los números. Una vez lograda la concentración
adecuada, todos colocan un índice sobre la copa
que, de haber suerte, se moverá de una letra a
otra formando las palabras que constituirán el
mensaje del más allá.Pero fue en la segunda
mitad del siglo XIX que la tabla adquirió la forma
conocida, con la plancheta a modo de corazón apoyado
sobre tres patas. |
Incluso
el nombre de ouija le fue concedido entonces, por Williams Fuld,
que declaró haberla inventado, el muy embustero, y se
atrevió a patentarla. Y lo hizo para ganar dinero. En
esto consiste el progreso. Este nombre
de ouija deriva del francés oui y del alemán ja,
dos palabras que significan lo mismo: sí. Uno no llega
a comprender por qué Fuld no dio a su tabla el nombre
de ouiyes o jayes, pero así son las cosas. La tabla está
formada por dos partes: la tabla propiamente dicha, donde están
pegadas las letras del abecedario, los números 0 al 9
y dos palabras: SI y NO, y a veces ADIÓS para avisar
que el espíritu presente da por terminada la entrevista.
Hay
una segunda pieza, movible, que puede deslizarse sobre el tablero
y sobre la cual apoya muy levemente los dedos la persona que
espera recibir un mensaje. La pieza, llamada, a veces panchette,
que suele tener forma de corazón, como antes se dijo,
va deteniéndose en las letras o los números, uno
después de otro, para formar un mensaje. La tabla fue
utilizada con gran entusiasmo a fines del siglo pasado por algunos
miles de aficionados de todo el mundo –menos por Kardec,
que era un poco anticuado- y ha vuelto a convertirse en artículo
de moda, o de diversión, por quienes desean pasar un
rato agradable, sin caer en la cuenta de que se trata de un
objeto peligroso como se dirá más tarde.
Por
supuesto que este juego, si así se le puede llamar, no
es personal, sino que ha de ser colectivo. Mientras deja el
actor principal que se deslice la plancha por la ligera presión
de sus dedos, otra persona escribe en un papel todo lo que vaya
resultando. En cuanto el espíritu visitante indica que
debe abandonar el juego, puede leerse el mensaje.
¿Recibe
el adepto a la ouija verdaderos mensajes del más allá,
como suponen quienes en esto creen, o se trata de mensajes emitidos
por el subconsciente de quienes utilizan la plancheta? Por lo
que sea, los psicólogos opinan que este juego es peligroso
y puede causar severos daños a la mente, e incluso conducir
al protagonista a la locura.
Explican
que, por lo general, el subconsciente se manifiesta a través
de los sueños o por hipnosis. Jamás deben manifestarse
consciente y subconsciente al mismo tiempo encontrándose
el sujeto consciente. Puede sufrir por ello fuertes traumas.
Además, ¿es posible que el mensaje recibido a
través de la tabla ouija influya en los actos que realizará
más tarde una persona?
Algunos
ejemplos de utilización de la ouija
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La
tabla ouija no es precisamente uno de esos artículos
esotéricos que debe consultarse con ligereza
y, menos aún, cuando se es algo impresionable.
A veces, su uso es objeto de bromas -generalmente pesadas-,
pero otras a tenido consecuencias nefastas para aquellos
que han sabido interpretar los mensajes que puede transmitir.Jennifer
Lynn Sprigman, de 14 años vecina de Downers Grove,
Illinois, había sido siempre una muchacha nerviosa
e impresionable. En diciembre de 1972 se encontraba
con una compañera de la escuela, cuando a ésta
se le ocurrió jugar un rato con la tabla ouija.
Jennifer preguntó por curiosidad, a qué
edad moriría.
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Podía
haber preguntado cuál sería el nombre de su futuro
novio, o que edad se casaría y cuántos hijos tendría,
pero no fue casual que su pregunta se relacionará con
su oculto desequilibrio nervioso. La plancheta
dio una cifra, 18, y siguió con una palabra: asesinada.
Las dos amigas rieron con la respuesta. Les parecía muy
graciosa. Siguieron preguntando cosas relacionadas con la muerte
de Jennifer: de qué forma moriría. La tabla contestó
de inmediato; estrangulada.
La
joven murió estrangulada, como anunció la tabla,
el 3 de octubre de 1976 faltando dos semanas para su 18 aniversario.
Jamás atraparon al asesino. La amiga de Jennifer consultó
con la ouija, pero ésta no volvió a citar su nombre,
ni dio el de su asesino.
Se
ha convertido en clásico del tema lo sucedido una tarde
de enero de 1885, en la ciudad de San Petersburgo, cuando un
joven jugaba con la tabla ouija que acababan de obsequiarle.
Obtuvo por conducto de ella un nombre: Andrei, que era el de
su difunto padre. Cuando volvieron a jugar su madre y ella,
el día 22, para ver si les ofrecía algo menos
aburrido, sucedido al asombroso.
Apareció
el nombre de Alejandra, seguido de 5 palabras: “Tienes
que salvar a Nicolás”, que fueron seguidas por
un curioso mensaje. Era la historia de un joven revolucionario
llamado Mijaíl, que había sido sorprendido en
una reunión clandestina y condenado a cinco años
de destierro en Siberia. El mensaje había sido emitido
después de morir Mijaíl, cuando intentó
huir de la prisión. Esta historia, que sería investigada
por el Dr. Alexander Aksakov, gran aficionado a los fenómenos
psíquicos, no pudo ser aclarada.
¿Había
leído la joven de la ouija alguna novela, o escuchado
una noticia que dejaron una profunda huella en su mente, sin
que ella se diera cuenta, y fue a surgir, ligeramente transformada,
como consecuencia de la velada del 22 de enero?
Resulta
sumamente sencillo cometer fraudes con la tabla ouija. Fue lo
que le sucedió a Clara Hoover, rica heredera que había
sido invitada a tener una experiencia por su amiga Margaret
Faulkner, amiga de toda la vida. El New York Time del 6 de marzo
de 1970 dio a conocer lo sucedido. La persona que se ocupó
de manejar la tabla fue, lógicamente, la amiga, quien
obtuvo un mensaje del más allá que resultó,
oh maravilla, francamente favorable para ella: una ser venido
del otro mundo ordenó a la joven heredera hacer entrega
a la querida amiga de una abultada suma de dinero.
El
enrevesado caso de Patience Worth
La
señora Curran se entretenía, allá por el
año 1913, con una tabla ouija en compañía
de su amiga Emily Grant. La plancheta comenzó a moverse
de improviso y señaló diversas letras para formar
un texto venido del más allá. Parecía enviado
por una mujer llamada Patience Worth –traducción:
el valor de la paciencia-, dando así inicio a una de
las comunicaciones por ouija más extraordinarias en los
anales de la investigación psíquica.
A
lo largo de 25 años, aquella Patience dictó, a
través de la señora Curran, lo mismo novelas que
epigramas y poemas. El fenómeno fue estudiado por Walter
Franklin Pierce, de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas
de Boston. La Sra. Curran murió en diciembre de 1987
y parecía que con ella desaparecerían Patience
y sus obras literarias. Pero no fue así, porque reapareció
30 años más tarde, en circunstancias harto curiosas.
Cierto
Harold O´Neal recibió en la Navidad de 1967 una
tabla ouija de obsequio de una de sus hijas. Le pareció
una broma tonta, sabiendo todos que era bastante escéptico.
Pero, ante la insistencia del elemento femenino de su casa,
se avino a utilizarla. Para su sorpresa, la plancheta se movió
y señaló el nombre de un tal Jacob, completamente
desconocido. O´Neal tuvo entonces deseos de saber algo
más sobre los mensajes de la ouija y leyó varios
libros. Conoció así la historia de Patience Worth.
Se
le ocurrió preguntar a Jacob si lo conocía. La
respuesta fue negativa. Una de las hijas del matrimonio, llamada
Jathy, consultó entonces con la ouija y se puso en contacto
por medio de ella con Patty Starry, joven de 17 años
que había sido violada y asesinada cerca de la escuela,
en Colorado. Ella sí conocía a Patience. Poco
después era la misma Patience quien mandaba un mensaje
y algunos poemas recientes. Declaró entonces que antes
de ser Patience se había llamado Nora Fleming y había
vivido en Escocia –como puede verse, todo en estos fenómenos
tiene una relación: al hablar de ouija aparece la escritura
automática, la reencarnación y el subconsciente-
donde murió en 1928.
Algún
tiempo después desapareció Patience y acudió
a transmitir mensajes Hannah Pringles, quien declaró
lo que sigue: Patience no volvería a aparecer, por una
razón muy sencilla. Había vuelto a nacer el 17
de junio de 1969, en forma de niña encantadora, de unos
padres que vivían en Connecticut.
Lo
curioso de este caso es que otras personas, sabedoras de lo
sucedido, lograron comunicarse con Patience y recibir de ella
mensajes, a pesar de haber reencarnado en junio de 1969. En
uno de ellos afirmó que jamás se comunicó
con Harold O´Neal ni con nadie que no fuera la señora
Curran. |