LEVITACIÓN
Y TELEKINESIS, RETO AL SENTIDO COMÚN
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Se ha hablado tanto de fervor místico de ciertos santos
que levitaban ante la mirada perpleja de los testigos, que sería
bueno saber si hubo algo de cierto en aquellos milagros, ya
que se trata de fenómenos sucedidos en el pasado. Puesto
que levantarse del suelo y vencer la fuerza de la gravedad sin
ayuda de un soporte material va en contra de las leyes de la
naturaleza, los científicos no han vacilado en afirmar
que, en los casos de levitación de los que tanto se ha
hablado, existía únicamente un acentuado sentimiento
religioso que hacía sentirse a los santos como si volarán,
siendo realidad que jamás abandonaron sus rodillas el
suelo donde rezaban hincados.
Levitación
y telekinesis van de la mano
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Grabado
inglés del año 1681, mostrando un caso
de levitación sucedido entre gente no religiosa,
de manera espontánea. Esta clase de fenómenos
paranormales procuraba ser silen-ciada, porque se le
asociaba con Satanás y la brujería. Mostrar
discresión y no contar nada a nadie era la mejor
manera de no ser enviado de inmediato a la hoguera.
La telekinesis, también llamada psicocinesis,
es un fenómeno paranormal que algunos aceptan
sin hacer preguntas y otros rechazan por muchas explicaciones
que se les den. El cine,
lo mismo que docenas de novelas, se han ocupado de mostrar
el lanzamiento de objetos pesados por parte de adolescentes
víctimas de una intensa emoción, sin que
los toquen físicamente. |
Es
lo que sucede en lo fenómeno conocido como poltergeist,
que algunos timoratos han querido asociar con la intervención
maléfica del demonio y han insistido en identificar con
un exorcismo.
En
1515, se dice que el padre Francisco Álvarez escribió
un curioso informe sobre algo que había visto en Etiopía
cuando era secretario de la embajada de Portugal en ese país.
En un monasterio situado en las montañas de Bidjian,
copto por más señas, halló una capilla
santa, en cuyo centro flotaba una vara dorada, larga de cuatro
pies. Aquella vara era milagrosa: se encontraba allí
desde hacía varios siglos, sin caer, sin moverse. Los
peregrinos acudían a rendir adoración al objeto.
El padre Alvarez, un varón tan serio como virtuoso, incapaz
de mentir, afirmó a su regreso a Lisboa que no vio ningún
truco para mantener en el aire el objeto.
Dos
siglos más tarde visitó el monasterio el cirujano
francés Charles-Jacques Poncet, que había tenido
noticias de la vara milagrosa a su paso por El Cairo. Se desplazó
a Etiopía para admirar la maravilla. Solicitó
la autorización, al abad del monasterio, para investigar
el milagro en busca de un engaño. Pasó una mano
por debajo de la vara y luego por encima y por los lados. Pudo
jurar que no estaba atada con hilos delgados a ningún
sitio, ni sostenida de otra manera. Simplemente flotaba en el
aire.
La
vara seguía en el mismo sitio en 1763, cuando visitó
el monasterio el explorador francés Guillaume Lejean.
Después de él, nadie más volvió
a verla. Desapareció por completo. ¿Deseaba el
Abad que la capilla no se convirtiera en punto de atracción
de visitantes curiosos y se llevó la vara, dando saltos,
hasta un lugar secreto?
Estudios
de telekinesis en la URSS
A
partir de la última guerra comenzó a estudiarse
en la URSS este fenómeno, gracias en parte a los actos
realizados por una joven llamada Nelia Mijailova que había
recibido en el frente un casco de metralla. Una vez recuperada,
se dio cuenta de que podía mover los objetos sin tocarlos,
siempre que no fueran muy pesados. Informo de sus facultades
a los científicos. Un biólogo de la universidad
de Moscú, Eduardo Naumov, fue el primero en estudiar
el caso de Nelia, y a él siguió Genady Sergeyev,
del instituto Utomski de Leningrado, quien realizó algunas
pruebas con un electroencefalógrafo. Vio que cuando realizaba
aquellos actos de telekinesis se creaba un poderoso campo magnético
en torno al cuerpo de la joven, así como comprobó
que el ritmo cardíaco subía de manera sorprendente.
Por
más importante que Nelia sería Nina Kulagina,
cuyos extraordinarios dones fueron descubiertos en la década
de los 60. Su esposo se había dado cuenta de que los
objetos pequeños se movían al pasar ella por su
lado. En el país había nacido gran interés
por investigar los fenómenos paranormales, a partir de
Nelia Mijailova y, sobre todo, de Rosa Kuleshova y la visión
paraóptica. El 1967 se filmó a Nina Kulagina en
acción y se dio a conocer la película en todo
el mundo. Pero no se aceptó como prueba. En el cine abundan
los trucos.
La
película mostraba un cigarro moverse sobre una mesa,
abrirse una caja de fósforo y esparcirse éstos,
agitarse por sí sola la aguja de una brújula.
Por otra parte, la mujer poseía dotes telepáticas
y podía provocar quemaduras a las personas y quemar un
papel sin tocarlo. Viajaron a Leningrado los científicos
para ver a Nina en acción. Pero incluso así, se
negaron a aceptar el fenómeno.
Tocó
el turno de ser estudiado a Boris Ermolaev, con quien la universidad
de Moscú realizó curiosas experiencias a partir
de 1973. Concentraba su atención en un objeto, hacía
que se elevara y lo mantenía inmóvil en el aire.
Sujetaba una pelota de ping-pong con las dos palmas, separaba
las manos y la pelota seguía fija donde la había
tenido. Los científicos dijeron de Boris que era capaz
de crear un campo gravitacional, pero sólo eso.
Estos
actos han sido realizados también por algunos médiums
del siglo pasado, entre ellos Eusapia Palladino y el escocés
D. D. Home A este último le resultaba muy sencillo elevar
una mesa o sentarse en una báscula y perder peso. O mantener
objetos en el aire, sin tocarlos.
Ahora
bien, si se acepta la posibilidad de que una persona dotada
pueda mover cualquier objeto no demasiado pesado, por la sola
acción inmaterial del pensamiento, ¿por qué
no aceptar que pueda suceder lo mismo con un cuerpo humano ejerciendo
sobre sí mismo esa fuerza inexplicable? En ocasiones,
un acto de levitación era en realidad un símbolo:
el de un elevado acto moral. Así debió suceder
en el caso relatado en la obra china Shen Hsein Chuan, escrita
en el siglo IV d.C. Narraba lo sucedido al imprudente. Liu An,
que echó a volar después de tomar cierto líquido
milagroso. Habiendo dejado abierto el frasco, varios animales
que lamieron el líquido derramado echaron a volar. ¿Acaso
se refería lo sucedido al saber, que puede elevar a los
seres por encima de ellos mismos?
Tal
vez pudo ser sólo una imagen poética y filosófica,
como lo fue también la escena representada en un cuento
budista Jataka: un hombre introducía en su boca una piedra
mágica que le concedía al instante la facultad
de volar. Y el filósofo neoplatónico Jámblico,
quien vivió en el siglo IV d. C., como el imprudente
Liu An, gozaba de merecida fama entre sus contemporáneos
por la facilidad que tenía para elevarse hasta media
vara por encima del suelo, cuando le venía en gana. ¿Se
trataba también de un acto simbólico, relacionado
con el poder que concede a los hombres el conocimiento?
Los
doscientos santos que volaron
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Curiosamente,
casi todos los casos de santos que levitaron se produjeron
entre los siglos XVI y XVIII. En el siglo XVII le tocó
a José de Cupertino protagonizar unas levitaciones
que lo tenían contra el techo durante unos minutos
o bien unos vuelos que le obligaban a asirse a los muebles
para intentar evitarlos. Este grabado francés
de San José de Cupertino pertenece al siglo XIX.Se
ha logrado reunir más de 200 ejemplares de santos
que levitaron en algún momento en su vida, y
casi todos sucedieron en los siglos XVI al XVIII. A
partir de entonces, disminuyeron en números estos
actos, de manera apreciable, como si los santos de antes
fueran más y mejores que los de ahora. Se conoce
un caso muy curioso sucedido en la Nueva España
del siglo XVIII; el venerable Antonio Margil, un franciscano,
en cierta ocasión, ante los ojos maravillados
del padre Jerónimo García, se puso a dar
vueltas como un planeador, los brazos en cruz, en el
techo del convento. |
Merece
la pena recordar la historia de José de Cupertino, también
otro clásico de levitación que vivió en
el siglo XVII en Asís, patria de San Francisco. Al principio
se molestó al darse cuenta de que podía volar
y tenía que aferrarse a los muebles, pero se fue acostumbrando,
y finalmente ayudaba con sus dones a quienes necesitaba llevar
un objeto a lo alto de su convento.
Una
vez fue observado por el embajador de España. El santo
se había arrodillado para rezar y, al dirigir la mirada
a la Virgen, y ante el asombro del diplomático, se elevó
hasta pegarse al techo. Allá arriba se mantuvo durante
unos minutos y fue a descender después, lentamente, como
un papel que se deja caer.
Cuando
Santa María Magdalena de Pazzi caía en trance
místico, sentía elevarse y si alguien le hablaba
entonces contestaba ella gritando que no la importunaran. Sin
embargo, no se había movido de su sitio. Seguía
de rodillas junto a las otras monjas. No obstante, el 3 de mayo
de 1592 entró corriendo a la Iglesia y se elevó
hasta una cornisa situada a ocho metros del suelo. Tomo en sus
manos el crucifijo que colgaba del cuello y lo besó.
Después, secó el abundante sudor del cuello con
el velo.
En
el mismo siglo vivió en Italia San Felipe de Neri, que
a pesar de su avanzada edad, su delgadez y su frugalidad sentía
tal calor, incluso en invierno, que debía abrir una ventana.
El cardenal Crescenzi le tomaba la mano y tenía que retirarla
de inmediato. Sentía además un gran calor en la
garganta, que siempre coincidía con sus actos de levitación.
También santa Catalina de Génova, hija de Jaime
Fieschi, virrey de Nápoles y contemporánea de
Maquiavelo, sufría fuertes ardores en el momento de sumirse
en el trance místico y levitar (o creía que levitaba).
Sentía tal calor que su piel no podía resistir
ningún contacto, ni aún el de su propia ropa.
Este y otros síntomas correspondían a un estado
agudo de hipertiroidismo, o funcionamiento exagerado de la glándula
tiroides.
En
1699 murió la venerable Serafina de Dios, religiosa en
el convento de carmelitas de Capri. Cuando se arrodillaba para
rezar irradiaba de su rostro una luz y brillaban sus ojos. Si
alguien la tocaba se quemaba, incluso en invierno. La religiosa
decía que a veces la consumía un fuego interior
y que le hervía la sangre. También esta mujer
santa levitó en alguna ocasión. Lo más
asombroso de esta Serafina fue que murió exhausta, de
tantos calores, y 24 horas después de su muerte conservaba
el cuerpo tal calor que quien pusiese una mano sobre su corazón
tenía que retirarla enseguida.
Más
adelante se verá que este fenómeno aparecía
a veces acompañado de un halo. Ahora sé vera el
caso de a más famosa de las santas que levitaron. Se
trata de santa Teresa de Ávila. En años pasados,
quienes vieron una excelente serie de Televisión Española
sobre la vida de esta santa se quedaron con las ganas de verla
elevarse del suelo, ¿Es que no realizó las proezas
de las que tanto se habló en el pasado?
Se
dice que Teresa de Jesús había sabido mantener
su habilidad en secreto, con la complicidad de algunas religiosas
del convento. Estas se aterrorizaban al ser testigos de algo
que iban más allá de su capacidad de comprensión.
Pero un día vino a descubrirse todo, y así lo
explicaría ella en sus memorias. En cierta ocasión,
durante una misa que celebraba el obispo Álvaro de Mendoza,
descendió éste del altar mayor seguido por sus
acólitos y se dirigió a un orificio en el muro,
al otro lado del cual desfilarían las religiosas para
recibir la hostia.
En
el momento de arrodillarse Teresa, una expresión de felicidad
celestial apareció en su rostro, a la que siguió
un grito de pánico. En el momento de recibir la hostia
se elevó en el aire y fue a desaparecer allá arriba.
La santa intentaba resistirse cuando sentía que los pies
dejaban de tocar el suelo. Al principio se asustó terriblemente
y lo mismo sucedió a las otras monjas al verla, pero
decidieron al final aceptar la irremediable. Si Teresa tenía
que elevarse en el aire, era porque Dios así lo había
ordenado.
No
hace falta ser santo para levitar
Uno
podría pensar que sólo los santos hallándose
en pleno éxtasis místico –y sufriendo en
ciertos casos de hipertiroidismo- han poseído la facultad
de levitar. Sin embargo, no siempre ha sido así. Apenas
en 1951, cierto E. A. Smythies, consejero británico en
el Gobierno de Nepal, vio a un joven levantarse medio metro
del suelo, sin que hubiera truco de por medio, y caer pesadamente
al suelo. El fenómeno de repitió varias ante las
miradas perplejas del inglés. Averiguó más
tarde que el acto de levitación lo realizaba el nepalés
con relativa frecuencia, sin poder evitarlo.
¿Era
un poder misterioso, desconocido por el joven nepalés,
incontrolable, el que decía elevarse en el aire? ¿Existen
casos en que un ser humano normal y corriente pueda realizar
este acto a su antojo? El Surya Siddantha, libro sagrado de
la India, explicaba que los Siddhas, adeptos de ciencias avanzadas,
podían volverse ligeros o pesados, a voluntad. Y de todos
es conocido el ejemplo de los faquires, que también pueden
levitar, de acuerdo con la tradición y los testimonios
ocasionales.
¿Puede
levitar cualquiera que se lo proponga? En 1977, el Maharishi
Mahesh Yogi decía que tal cosa es posible cuando existe
una perfecta coordinación mente-cuerpo y daba consejos
para conseguirlas. De acuerdo con las enseñanzas del
Patanjali, texto donde se resumen las prácticas del yoga,
es preciso, para levitar, seguir estos puntos: primero, el sujeto
debe fijar su atención en un objeto cualquiera; segundo,
mantener largo rato esa concentración, olvidando lo que
no sea ese objeto; tercero, seguir concentrado en el objeto.
El sujeto está finalmente listo para levitar.
Después
de echar una rápida ojeada a lo que hicieron algunos
santos católicos y ascetas de la India, no habrá
más remedio que acercarnos a uno de los médiums
más prodigiosos de todos los tiempos. No podía
seguir más tiempo hablándose de los fenómenos
paranormales sin dedicar un amplio espacio a Daniel Dunglas
Home.
Demostró
poseer desde la niñez fabulosos dones
En
el cementerio de Saint-Germain- en Laye, cercano a París,
hay una tumba con una cruz de mármol blanco con esta
inscripción: “Venid a mi los que está fatigados
y yo les daré consuelo”. En la parte inferior puede
leerse otra leyenda: “Daniel Dunglas Home. Nacido a la
vida terrestre cerca de Edimbundo, el 20 de marzo de 1833. Nacido
a la vida espiritual el 21 de junio de 1886. A otro corresponderá
discernir a los espíritus.
En
la familia Home, los poderes extrasensoriales habían
sido hereditarios. El tío Machenzie y la madre de Daniel
eran videntes. Era natural que el pequeño manifestará
dones sorprendentes: a la edad de cuatro años describió
a su madre la muerte de una prima. Al confirmarse la noticia,
dos días después, la señora Home se asustó.
Vio con temor que su hijo superaba al resto de la familia. Por
aquellos días, y en vista de que las cosas no iban demasiado
bien en la casa, aprovechó el ofrecimiento de una tía
que iba a Estados Unidos para confiarle al niño.
A
la edad de trece años hizo amistad con un muchacho de
nombre Edwin con quien solía leer la Biblia. Convinieron
que el primero en morir avisaría al otro. Una noche del
mes de junio de 1846, Daniel despertó al sentir la presencia
de alguien, al pie de su cama. Era Darwin, rodeado por una aureola
luminosa. Sonrió a Daniel y desapareció. La mañana
siguiente, Daniel dijo a sus tíos que Edwin acababa de
morir. Al confirmarse la noticia, los tíos se trastornaron.
A esto siguieron golpes en las paredes y muebles, sillas deslizándose
por sí solas por el piso, objetos volando. Era demasiado.
Los tíos creyeron que el demonio se había posesionado
del sobrino y, sin esperar más, lo echaron de su casa.
Daniel
inició entonces una vida errante, por todo el país.
En su presencia se movían los muebles más pesados,
y el muchacho se elevaba también en el aire. Entonces
se encontró con Mrs. Hayden, una médiums muy conocida.
Comienza
a adquirir fama de psíquico
Cuando
conoció a esta mujer acababa de cumplir 18 años.
Ella intuyó en el joven facultades extraordinarias y
lo invitó a mostrarles antes los médicos y profesores
de la universidad de Harvard. El siguiente año se presentó
en el Primer Congreso de Espiritistas, celebrado en Cleveland,
y tuvo ocasión de realizar por primera vez en público
un acto de levitación. Ya no temía, como al principio,
el riesgo de la caída. Sabía subir y bajar ya
a su antojo. Además hacía sonar las campanas a
distancia, tocar un acordeón y practicar la elongación.
Regresó
en 1855 a Inglaterra, enfermo de tuberculosis. Creía
que el clima de este país sería más sano
para él. La acogida que le dispensaron en Londres fue
entusiasta, tanto que Home olvido su enfermedad y siguió
prodigándose. William Cox, dueño del hotel donde
se hospedaba, se interesaba en el espiritismo y el ocultismo.
Para sorprender a este Cox, Home hizo aparecer un botellón
de vino de la nada. Impresionado por lo que vio, Cox organizó
una velada a la que invitó a Lord Brouham y a sir David
Brewster, físico bien conocido. Brewster informaría
más tarde a un periodista que vio moverse una mesa, sin
que nadie la tocara, y elevarse en el aire.
Cierto
Williams White fue a visitar a Home más tarde. Quería
invitarlo a acudirá una mesa de Islington, donde lo esperaba
una docena de personajes interesados en la metapsíquica.
A Home le molestó ver tanta gente. Solían molestarle
las muchedumbres. Corrieron las cortinas y encendieron unas
velas. Home pidió a los presentes unir las manos. En
cosa de cinco minutos oyeron golpes en la mesa, en el piso y
en los muros. Home pidió un acordeón y en cuanto
lo depositaron sobre la mesa se puso a tocar por sí solo.
Una
de las personas tenía la frente cubierta de sudor. White
le preguntó si se sentía mal. El hombre contestó
que acababa de sentir que alguien le tomaba la mano, igual que
hizo su padre al morir. En aquel momento surgió una mano
del pecho de aquel hombre y segundos después otro testigo
lanzó un grito de terror y se levantó tirando
la silla. La misma mano se deslizaba sobre sus cabellos.
Los portentos sucedidos en Francia
En
1857, Home viajó por primera vez a París, invitado
por Napoleón III, tan interesado como su esposa Eugenia
de Montijo en los misterios del más allá. Home
encontró un gentío a su arribo a la corte. Declaró
que sus actos no eran espectáculo teatral. Napoleón
III comprendió. Mandó a salir la concurrencia
y se quedó solo, con su mujer y algunos íntimos.
Pudieron ver entonces cómo Home levantaba sin esfuerzo
una mesa. Materializó a continuación una mano
que apoderó de un lápiz y escribió en un
papel la palabra Napoleón. El emperador examinó
la palabra y vio que era la firma auténtica de Napoleón
Bonaparte. Estaba entusiasmado con las maravillas realizadas
por su invitado. Sin embargo, no todos en la corte estimaban
al escocés. Y aprovecharon un descuido de éste
para lograr su destierro y probar que era un farsante.
Sucedió
en la ciudad veraniega de Biarrits –bastante más
agradable que Dieppe, donde habían coincidido Home y
la pareja imperial-, cuando el barón Morio de L´Isle
tenía a su cargo el manejo de las luces. La emperatriz,
en el curso de la sesión en que se invitó a comparecer
a Luis XVI y a Carlomagno, sintió una mano suave y perfumada
acariciar su rostro. Lanzó un grito. El barón
se apresuró a encender la luz. Vino a descubrirse que
la mano fantasmal era en realidad el pie descalzo de Home paseando
sobre el cuerpo de Eugenia.
A
pesar de defender la emperatriz al Médiums, éste
tuvo que abandonar Francia. Viajó a Italia, país
que tuvo que dejar también atrás, después
de ser acusado en Florencia de ser un nigromante que utilizaba
los sacramentos de la Iglesia para obligar a los muertos a abandonar
sus tumbas.
Ser
médium resulta a veces buen negocio
Home
no pedía nunca dinero por presentarse ante la gente interesada,
pero le parecía muy razonable aceptar obsequios, como
relojes de oro, tabaqueras valiosas y joyas cuya venta le permitía
sostener una vida lujosa. Pero, al aparecer, quiso sacar partido
de una viuda y le resultó muy caro.
En
1866, de regreso a Londres, fue objeto de un proceso que perjudicó
grandemente a su reputación. Cierta Mrs. Lyon, de 75
años de edad, había entrado en comunicación
con el alma de su difunto esposo, gracias a Home. El difunto
aconsejó a su viuda adoptar el médium y legarle
su fortuna. No solo obedeció la dama la orden venida
del más allá, sino que hizo entrega además
de 30.000 libras esterlinas al médium. Pero se arrepintió
de su generosidad -o alguien que deseaba también esa
suma se lo aconsejó- y se dirigió a la policía
para relatar lo sucedido. El juez condenó a Home a devolver
la suma y lo metió entre rejas.
En
diciembre de 1868, Daniel Dunglas Home iban a realizar, olvidada
la peripecia de la viuda, el más extraordinario de sus
actos, ante varios distinguidos testigos. Gracias a ello recobraría
el prestigio perdido. En primer lugar agarró sus carbones
encendidos de la chimenea y se los echó a la boca. Los
masticó como si fueran bombones. Otra experiencia increíble
sería la de levitación que se convertiría
en clásica de este fenómeno.
Salió por una ventana y regresó por la
otra
Sucedió
el 13 de diciembre en la presidencia Ashley, en Victoria Street,
y fue presenciada, entre otros, por sir William Crookes (1832-1919),
insigne físico inglés descubridor de los rayos
catódicos y primero en aislar el tantalio. En 1874 escribió
un artículo para el Quaterly Journal of Science en el
que decía haber visto a D. D. Home alzarse en tres ocasiones
del suelo.
Lástima
que este sabio, que había estudiado con admirable seriedad
los fenómenos metapsíquicos, cayera más
tarde en extremos ridículos, que invalidarían
sus declaraciones. Resulta que se enamoró, a sus cuarenta
y tantos años, de un fantasma que se hacía llamar
Katie King, joven encantadora que murió a la edad de
23 años en tiempos del rey Carlos II. El espíritu
de la difunta había aparecido antes Crookes por conducto
de Florence Cook, médium de gran belleza pero tan deshonesta
como amiga de gastar bromas a los ingenuos.
Otra
velada importante fue la celebrada la noche del 16 del mismo
mes en la residencia de Lord Adare, en el número 5 de
Buckingham Place. Acompañaban al aristócrata su
amigo Lord Lindsay y su primo el capitán Charles Wynne.
En aquella ocasión, Home cayó en trance y por
sus labios se expresó el espíritu de Adah Mencken,
actriz recién fallecida que habían conocido bien
Home y Lord Adare. Una silla se movió sola. Wynne y Lord
Lindsay tuvieron la sensación de que un ser invisible
había penetrado en la sala y tomando asiento en la silla.
El médium comenzó entonces a hablar, con voz sepulcral.
Pidió a los testigos no abandonar sus asientos y que
nada temiesen, viesen lo que viesen. A continuación,
Home se elevó lentamente en el aire, se dirigió
a una ventana abierta y salió por ella, los pies por
delante, a pesar de que el aposento se encontraba en el tercer
piso.
Segundos
después se detuvo frente a una ventana del segundo piso,
mientras los testigos se asomaban a la calle y contemplaban
el increíble espectáculo. Home estaba golpeando
con los pies los cristales de la ventana. Se abrió ésta
y penetró en la habitación. Se puso pie y tomó
asiento en un sillón. Después de una breve pausa
regresó al tercer piso, volando también. Tenía
un aspecto de cansancio profundo y se expresaba en una legua
que ninguno de los tres hombres conocía.
¿Eran tan sólo un ilusionista excepcional?
Sir
William Crookes declaró que Home poseía una singular
fuerza psíquica. Charles Darwin, que estaba de moda desde
que lanzó su teoría revolucionaria de la evolución,
se mostró en cambio muy prudente. No se mostró
partidario ni enemigo del médiums. El antropólogo
Francis Galton afirmó que Home no era ningún charlatán,
y de igual manera se expresarían el matemático
August Morgan y el escritor ruso Leon Tolstoi.
Michael
Faraday, descubridor de la inducción electromagnética,
quien vio en alguna ocasión a Home realizar una experiencia,
declaró en cambio que era sólo un hábil
ilusionista. Y esta opinión fue compartida por el poeta
Robert Browning. ¿Y qué opinaba Daniel Dunglas
Home al respecto? Cuando le preguntaban por qué era un
caso excepcional, contestaba algo que posee una enorme lógica:
a los que, en el pasado, habían sido como él,
los habían quemado en la hoguera, por brujos.
¿Era
una farsa los poderes de Home? ¿Sería, como él
decía, algo que abundó en otros tiempos y que
se fue perdiendo a causa de las persecuciones sufridas por esa
gente a quien se consideraba poseída por Satanás?
¿Sólo en casos de enfermedad o de mal funcionamiento
de un órgano se manifiesta estas facultades tan fuera
de lo normal? Recuérdese que si Edgan Cayce se convirtió
en profeta fue porque en su niñez recibió un fuerte
pelotazo en la cabeza, y que si Peter Hurkos poseía dones
muy especiales se lo debió al golpe sufrido en la cabeza
de resultas de una caída.
Daniel
Dunglas Home había sufrido de tuberculosis desde su infancia.
Es decir, que su sistema nervioso era sumamente delicado. Y
el hecho de prodigar en exceso sus agotadoras experiencias a
lo largo de tantos años, sumado a su salud precaria,
lo condujeron a la tumba siendo todavía joven, a la edad
de 53 años.
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