POR QUÉ SUCEDEN LOS FENÓMENOS PARANORMALES

Uri Geller Psiquico

Se dice que en los golpes accidentales, las enfermedades agudas, el shock emocional y la alteración glandular u hormonal, se encuentran explicaciones a ciertos fenómenos llamados paranormales. Lo cierto es que cuanto más avance la ciencia, mayor esperanza habrá de saber las verdaderas causas de algunos hechos, por ahora misteriosos.

Podría afirmarse, de acuerdo con los ejemplos expuestos en los apartados anteriores, que los fenómenos paranormales son provocados, en su gran mayoría, por una o más de las causas siguientes:

a) Un golpe recibido en la cabeza
b) Una enfermedad grave
c) La acción química de una glándula endocrina.

En realidad las tres primeras causas repercuten, a su vez, en la cuarta, lo que se traduce en una producción anormal de hormonas diversas. Esto viene a significar que los fenómenos psíquicos tienen, en casi todas las ocasiones, un origen químico, lo cual no debe parecer absurdo. En los últimos años se ha comprobado que algunas enfermedades de carácter nervioso –como la esquizofrenia, por ejemplo- son causadas por alteraciones del organismo, de carácter químico, y sólo pueden ser curadas por medio de productos químicos que repongan los perdidos.

Las glándulas influyen en el sistema nervioso

Entre las glándulas humanas puede mencionarse, en primer lugar, a las suprarrenales, que son un número de dos y están situadas encima de cada uno de los riñones. Producen la adrenalina y la noradrenalina, que actúan sobre el sistema nervioso vegetativo. Su producción aumenta en los estados de tensión, pero no se sabe que influyen de alguna manera en los fenómenos paranormales. Sin embargo, la segunda de ellas tiene un papel importante en las dotes de mando.

La noradrenalina ejerce una acción que es antagónica de otra que se verá enseguida, una hormona cerebral conocida como serotonina. Las dos obedecen a un ciclo de 90 minutos. La serotonina actúa como calmante y la noradrenalina como excitante. Michael McGuire, de la universidad de California, descubrió que en los monos el jefe tiene el doble de serotonina que los demás. ¿Nació con una taza más elevada de este neurotransmisor? En el caso de los monos no es así, sino que influyen en ella el medio y las circunstancias. Pero tal vez suceda que el jefe de los monos nació con una capacidad de secreción de serotonina mayor. McGuire realizó pruebas con seres humanos y halló también en los dirigentes tasas más altas de serotonina. ¿Sería posible averiguar entonces, al analizar la tasa de serotonina de un recién nacido, si se convertirá en general, líder político o gerente de una empresa?

En cuanto a la glándula tiroides, puede decirse que está localizada en el cuello, delante de la laringe, y que está formada por dos lóbulos. Su función esencial es captar el yodo del plasma y elaborar dos hormonas: la tiroxina y la triyodotirona, secreciones ambas que son controladas por la hipófisis, o glándula pituitaria que se verá sin tardar, de enorme importancia. Las dos hormonas de la tiroides controlan el metabolismo celular, es decir, el crecimiento del cuerpo y la maduración de los órganos sexuales, además de la temperatura interna del cuerpo por medio de la transformación química de los alimentos en energía. Controla también la actividad cardíaca y la respiratoria, favorece el desarrollo psíquico y la resistencia a las infecciones. La intervención de esta glándula en la temperatura ha sido, de acuerdo con la francesa Jacqueline Renaud, factor decisivo para que el ser humano desarrolle la inteligencia. La tiroides es en realidad un termostato biológico que permitió a los hombres primitivos conservar casi sin cambios una temperatura aproximada de 37 grados centígrados necesaria para la vida.

Sin embargo, la producción excesiva de tiroxina causa, entre otros fenómenos la aparición del bocio y un excesivo calor interno, que ha sido apreciado en algunos santos y místicos. En ciertos casos, la glándula pituitaria secreta una hormona letal que interfiere con la habilidad humana para utilizar la tiroxina. Existe una teoría acerca del envejecimiento, que resultaría de la derrota de la tiroxina ante esa otra hormona, producido en el cerebro. El Dr. W. Donner Denckla, de la universidad de Harvard, inyectó tiroxina en una rata después de extirpar su glándula pituitaria, y el animal rejuveneció, al desaparecer la causa de su mal. De poder aislarse esta hormona letal de la pituitaria, sería tal vez posible frenar el envejecimiento y conservarse más tiempo sanos los seres humanos. Pero es posible que surgieran entonces otros inconvenientes inesperados.

Son importantes la pituitaria y el hipotálamo

La glándula pituitaria, también llamada hipófisis, es una diminuta glándula de secreción interna de apenas 50 gramos de peso, situada en la base del encéfalo, o parte anterior del sistema nervioso, unida al esfenoides. A pesar de su exiguo tamaño, es capaz de secretar varias hormonas, como son: la del crecimiento, la adrenocorticotropina, la tirotropina, la folicoestimulante, la luteinizante y la prolactina, además de la melonotropa, la vosopresina y la oxitocina, algunas de las cuales proceden originalmente del hipotálamo. La pituitaria regula el funcionamiento de otras glándulas, de tal manera que cualquier alteración en su funcionamiento repercutirá inmediato en las otras y en el organismo entero.

También el hipotálamo se localiza en la cabeza. Los dos ventrículos laterales del cerebro contienen el equivalente de un vaso de líquido cefalorraquídeo, que es secretado por los plexos coroides, situados en el interior de esos ventrículos. El líquido llega al tercer ventrículo interior, donde se encuentra el hipotálamo, en la región conocida como diencéfalo. De ahí toma el camino de la parte trasera del cerebro, hasta llegar al cuarto ventrículo, debajo del cerebelo. A partir de este punto bañará el conjunto de circunvoluciones cerebrales.

Conviene explicar que la sangre no llega el cerebro: para que un mensaje del exterior penetre al cerebro, tendrá que escoger entre dos medios: por el sistema nervioso o a través de la barrera hematoencefálica. Entre las hormonas, solo los esteroides pueden hacerlo. Son ellos los que determinan el crecimiento, el sexo y más tarde influirán en la vida sexual y en la conducta social. Dentro del cerebro, las neuronas y las llamadas células gliales producen hormonas, entre ellas los neurotransmisores clásicos, como son las serotonina y la dopamina, entre otros. Estas neurohormonas, de las que cada año se descubre alguna más, son como las teclas de un piano, que sirven para modular la vida anterior de los seres humanos.

El papel del hipotálamo es muy importante sirve como embudo para canalizar el paso de las hormonas del cerebro a la sangre. Algunas hormonas son capturadas de inmediato por la circulación sanguínea, mientras otras, más numerosas, pasan antes por la glándula pituitaria, o hipófisis, para regulara a continuación la producción de hormonas esteroides. El hipotálamo es un sensor muy complejo, que está enterado de todo cuanto sucede en el cuerpo: variaciones de temperaturas, de presión, de volumen, de composición química. Y no se contenta con moderar la secreción de las hormonas, sino que controla directamente al sistema nervioso vegetativo, el que manda en los latidos del corazón, en la respiración, en las contracciones del estómago y hasta la erección masculina. Cualquier modificación sufrida por el hipotálamo, cualquier enfermedad o golpe recibido en el cráneo, influirá en la conducta consciente o inconsciente de un individuo y lo expondrá a romper el equilibrio que debe existir entre ambos.

En qué consiste el tercer ojo

Un manuscrito sánscrito del siglo XVI a. C. decía que el tercer ojo otorga al ser humano la sabiduría divina, brillante como la luz del sol y de todas las estrellas del firmamento. Herófilo, anatomista griego del siglo IV a. C., decía a su vez que el tercer ojo regula el fluido del pensamiento. Los viejos textos ocultistas mencionaron el tercer ojo, y lo relacionaron con la sede de la segunda visión y de algunos poderes psíquicos, como la clarividencia, además del poder de la meditación.

En un congreso celebrado en 1978 en Jerusalén se definió el papel de este tercer ojo, del cual había dicho Descartes que es la sede del alma, por estar localizada en el cerebro, y que podía ser controlado por los mensajes recibidos a través de los ojos. Antes, se había dicho en la India que los chakras muestran al tercer ojo como puerta por la cual el cuerpo astral puede abandonar a voluntad el cuerpo físico. En realidad, se dijo en el congreso de Jerusalén, el tercer ojo debe ser llamado glándula pineal, aunque su nombre correcto sea epífisis. Se encuentra detrás de los ojos, a la altura de las cejas, y recibe este nombre de pineal por su forma de piñón.

Se creía antaño que la glándula pineal –o tercer ojo- era un órgano atrofiado en los mamíferos. Sin embargo, algunos lagartos poseen ese tercer ojo, cuya función es sumamente compleja. En las ranas la glándula pineal es sensible a la luz y actúa como un verdadero tercer ojo, que convierte en impulsos eléctricos la energía luminosa, según descubrió el alemán Eberhardt Dodt. Se ha comprobado asimismo que influye en los cambios de color de ciertos animales –pulpos y camaleones entre otros-, y también señala el momento de aparearse: los rayos solares les informan de ello, de acuerdo con su inclinación y su duración, y la glándula reacciona secretando hormonas que agilizan la actividad sexual.

En 1958, el Dr. Aaron Lerner aísla una hormona secretada por la glándula pineal: la melatonina, que controla a su vez la producción de melanina, pigmento que da color a la piel y el cabello. A su vez, esta melatonina produce una sustancia química conocida como serotonina, que abunda en algunas frutas como plátanos ciruelas e higos. Con justa razón, Buda solía tomara asiento a la sombra del bo, o higuera que crece en la India, árbol al que los orientes han mirado siempre como el árbol de la sabiduría.

Cuando la secreción de serotonina es normal, el cerebro funciona correctamente. Si falta, se sufren alucinaciones. Algunas drogas destruyen o reducen la producción de serotonina. Surgen entonces desequilibrios mentales que conducen a la locura, o acaso a la aparición de ciertos fenómenos paranormales.

La luz influye en la serotonina

La luz limita la secreción de melatonina en la glándula pineal, conduce a estados depresivos y hace sentir más intensamente la fatiga y el estado de alerta. No es la luz lo que acciona el mecanismo de secreción de melatonina, sino la oscuridad, la cual regula también la actividad biológica de los seres humanos. Puesto que el nivel de melatonina es más alto en invierno que en verano, la glándula pineal determina los estados de ánimo. La luz solar vuelve optimistas y el invierno melancólicos. Los cambios en el ritmo biológico, como sucede en los vuelos largos, se deben a la variación en la secreción de melatonina. Si los excesos mentales son más frecuentes en los países septentrionales que en los ricos de sol, se atribuye al exceso de melatonina acumulada en las noches de inviernos.

Es decir, que la luz influye en los ciclos reproductivos, en el sueño y en los niveles de actividad, además de regular el reloj biológico. Y en estas propiedades de la luz se ha inspirado cierta terapia. Por ejemplo, la luz fluorescente reduce la tasa de melatonina en la sangre, así como los colores parecen curar diversos males: los baños de luz azul benefician a los recién nacidos, así como la luz ultravioleta trata la psoriasis y ayuda al tratamientos de ciertas leucemia y al sistema de inmunidad. La luz infrarroja colabora en la curación de lesiones musculares y óseas y otros colores influyen en la presión sanguínea, el pulso, la respiración y la actividad cerebral, porque actúan sobre la secreción de estas hormonas.

Por otra parte, la energía electromagnética de los colores –que son ondas después de todo- actúa sobre las glándulas pituitaria y pineal, y sobre el hipotálamo reguladores del sistema endocrino.

Otras curiosidades debidas al tercer ojo

Es cacao es rico en magnesio, pero también es feniletilamina, la anfetamina del amor. Contiene además una molécula que, una vez transformada en el organismo, conduce a la síntesis de la serotonina. La serotonina representa un papel esencial en el humor de una persona y disminuye considerablemente en quienes se sienten deprimidos. Comer chocolate ayuda a mantenerse de buen humor y a practicar con asiduidad los goces del amor. Pero tiene un serio inconveniente: abusar de él puede hacer daño a quienes sufren del hígado.

John Ferastrom de la Escuela de Medicina de la universidad de Pittsburgh, decía que la serotonina, uno de los neurotransmisores requeridos por el cerebro, necesita del aminoácido triptofán para trabajar. Aunque este triptofán se encuentra presente en las proteínas, el organismo ha de consumir carbohidratos para que el cerebro pueda producir serotonina. Esta hormona aporta al organismo, entre otras cosas, serenidad, propensión al sueño y resistencia al dolor. Es por esta razón que el azúcar tiene un efecto calmante. En algunas prisiones se da a los reclusos una dieta más rica en glucosa, para que mantengan tranquilos.

VOLVER